Las milicias de Trípoli logran hacer retroceder a Hafter por el eje sur

Militantes de la milicia Misrata toman posición antes de unirse a las fuerzas gubernamentales de unidad respaldado por la ONU, en Trípoli, Libia. EFE/Archivo

Trípoli, 25 abr (EFE).- Las fuerzas del Gobierno impuesto por la ONU en Trípoli (GNA) prosiguieron hoy su lento avance por el eje sur de Trípoli, en particular en las zonas rurales de Ain Zara y Wadi Rabie, esenciales para asegurar la autopista central.

Fuentes de seguridad en este último frente aseguraron a Efe de que las «katibas» (milicias) procedentes de Zawiya y otras localidades del noroeste de Libia lograron hacer retroceder a las tropas del mariscal Jalifa Hafter, el hombre fuerte del país que intenta conquistar la capital.

«La calma prevalece ahora en la mayoría de los ejes, pero las operaciones se reanudarán en las próximas horas para poder seguir avanzando», explicó a la prensa, por su parte, Mustafa al Mardjai, portavoz de la operación Volcán de la Ira, bajo el mando del GNA en Trípoli.

Según el responsable, el objetivo final es entrar por el eje norte en las ciudades de Gharyan -a 70 kilómetros al oeste de la capital- y Tarhouna a -55 kilómetros al sureste de Trípoli- y arrebatar ambas posiciones a las fuerzas enemigas.

Para ello, el mando central de Trípoli contará con un nuevo refuerzo militar aéreo, agregó Al Mardjai, sin precisar de dónde procederá.

Al hilo de este argumento, una fuente próxima a este mando confirmó este jueves a Efe que algunos de sus aviones bombardearon anoche posiciones de Hafter en la localidad de Abu Ghilan, al norte de Gharyan.

Y frenaron un contraataque del Ejército Regular libio (LNA) del mariscal en los alrededores del campo de Yarmuk, próximo al aeropuerto internacional de Trípoli, la joya estratégica que ambos bandos codician y que defienden las tropas de Hafter.

Las ciudad montañosa de Gharyan se considera igualmente una posición esencial ya que es un punto de unión que conecta las carreteras que conectan las bases militares de Al Watiya y Al Jufra, que controla Hater, en el sur.

Y la autovía que conduce a Tarhouna, y asciende hacía Trípoli a través de localidades como Qasr Bin Ghashir, Wadi al Rabie y Ain Zara, base de operaciones de la Novena brigada afín al Gobierno impuesto por la ONU.

Según el GNA, durante los combates del miércoles, que se libraron en el frente de Swani, murieron trece soldados de Hafter y dos fueron hechos prisioneros, información que no ha sido confirmada ni desmentida por las fuerzas orientales.

Las milicia leales al GNA afirmaron haber atrapado, igualmente, un vehículo blindado artillado con lanzacohetes, destruido dos vehículos y quemado un tanque.

«Es un avance estratégico en el eje de Al Hira», se felicitó el portavoz de estas fuerzas, el coronel Mohamed Knunu.

En el frente político, el ministro de Interior del GNA, Fathi Bashagha, advirtió anoche de que la ofensiva de Hafter amenaza con generar «una ruptura social» entre los libios, ya que «usa a los hijos de esta zona para alimentar la guerra contra sus hermanos libios».

El GNA confirmó, asimismo, que ha solicitado la creación de un comité internacional que documente los «crímenes» cometidos por las fuerzas del mariscal Hafter y la llegada de observadores para negociar un alto el fuego.

En una rueda de prensa, el portavoz del citado Ejecutivo establecido por la ONU en Trípoli, Muhaned Yunis, explicó anoche que el objetivo es que ese «comité de investigación documente los crímenes de las fuerzas agresoras contra civiles y los ataques contra instituciones».

El mariscal inicio el cerco a la capital el pasado 4 de abril pese a la presencia en Libia del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, de visita oficial en la capital, en un claro mensaje a la comunidad internacional.

En las casi tres semanas de combates han muerto más de 270 personas, mientras que cerca de 1.300 resultaron heridas y más de 30.000 se han visto obligadas a desplazarse de forma interna, informó ayer la Organización Mundial de la Salud.

En los enfrentamientos también participan milicias procedentes de la vecina ciudad-estado de Misrata, el principal puerto comercial de Libia, enviadas en auxilio del Gobierno impuesto por la ONU en 2016 tras su fallido plan de paz.

La batalla de Trípoli, que de resultar victoriosa para Hafter le concedería prácticamente el control absoluto del país, ha puesto de relieve la compleja red de injerencias extranjeras que padece Libia desde la revolución que en 2011 acabó con la dictadura de Muamar al Gadafi.

En particular, entre Francia, afín al mariscal Hafter, e Italia, principal apoyo político del GNA y uno de los socios militares de la ciudad-estado de Misrata, donde tiene desplegadas tropas.

La semana pasada, el jefe del Gobierno impuesto por la ONU en Trípoli, Fayez al Serraj, se quejó de la posición de países como Estados Unidos o Rusia, que han evitado condenar a Hafter, o como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, que apoyan decididamente al militar.

Por Mohamad abdel Kader